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Quieren Rock and Roll?. Ah, Rockandroll eh?... Y arranca una canción con un grueso sonido que nunca se había oído en esta órbita. De repente una frase conocida con una introducción novedosa sorprendió a la audiencia, porque resultamos cantando al unísono una copla que de alguna manera nos sabíamos un millar de presentes:
¨Somos cómplices los dos¨… dijo Cerati. Mi viejo amigo Jhan y yo respondimos con un puño en el aire y un beso al recuerdo: ¨Al menos se que huyo porque amo..¨ Y desde ahí nos condujo en un paseo por las nubes, un vuelo expreso a los fantasmas de recuerdos de años dorados de una banda de Rock argentina que se llamaba Soda Stereo, muy parecida a lo que suena un álbum nuevo que toma su título de la más insignificante frase suelta, escondida al final de la última canción. Como aquel detalle de la ventanita con una mujer frente al mar en el ¨Túnel¨ de Sábato.
El Sábado en la tarde de verano que respiraba un aire cómplice en el Summer Stage de Central Park. Ya había pasado la simpatía del grupo Puertorriqueño Calle Trece, que además de cantar la contagiosa canción ¨Atrévete te te¨ y subir varias fans a mover las caderas al escenario, le agradecían al señor ¨Chúpame la verga¨.
Cerati salió de frente al sol que prometía esconderse tras los árboles, con gafas oscuras y una camisa verde militar de manga larga con insignias, una versión madura de mi imagen alterna del Principito y rompió la tarde con el estruendo de su guitarra roja para celebrar con ¨Al Fin Sucede¨, la canción que recuerdo abre el eléctrico álbum que compré en Indiana, después de rogarle al empleado negro de Best Buy que buscara bién entre la sección de ¨música mejicana¨ para encontrar la única copia, asumo yo, que había pedido la tienda, para una ciudad que nunca lo cambiaría por Huracanes del Norte en un extremo o Paul Simon en el otro. Yo me lo llevé para la casa donde vivía y lo desarmé completo en dos días, no pude escucharlo en el carro porque esa noche salí con una francesa y no tenía CD; pero después dormí, desperté, comí y pensé con él, me bebí los créditos y dediqué mentalmente varias audaces letras de sus canciones. Ahora lo tenía otra vez al frente.
Una tras otra, aterrizaban las canciones de su reciente álbum ¨Ahí Vamos¨: ¨La Excepción¨, ¨Uno entre 1000¨, ¨Me quedo Aquí¨, ¨Crimen¨... ese tono se lo tenía bien guardado… pero se lo ayudó a sacar Emanuelle Horvilleur, de Ilyakuryaki. Así, alternando con canciones de paseos inmorales anteriores las banderas azul celeste con blanco ondeaban sobre las cabezas de colores y alguien insistentemente elevaba una camiseta con el viejo logo de Soda.
Desfilan¨Cosas Imposibles¨, ¨Siempre es Hoy¨ y al fin la banda sonora para un encuentro: ¨Puente¨: Fue cuando puso en coro a cantar a todos los asistentes ¨Gracias por venir...¨, ¨Gracias Porvenir¨… Por fortuna mi amigo, no tenía ni idea a donde lo llevaba cuando veníamos caminando, pero igual, iría al borde del abismo si fuera necesario, porque esa tarde fue un intrépido encuentro de muchos años de amistad y radio. Hasta hubo tiempo de saludar a una bella nena que conocía solo por fotos y aunque lla me reconoció desde lejos, era como una corta cita a ciegas, porque no pensaba distraerme con nada en el mundo.
Camino a la repetición del show en Miami, le pregunté cómo le sonaba el disco a Mauricio Parra, programador colombiano de MTV Latino y me dijo, ¨me suena a Soda Stereo¨ yo dije, él era Soda Stereo. Pero todo no podía elevarse solo hasta ese brillante límite. Cerati tenía que detonar la euforia humana de alguna manera y lo logró como siempre, con sobria tranquilidad tomó la guitarra acústica y acarició los tímpanos con la versión de ¨Te Para Tres¨ de Soda, la que encargó después de iniciarla, al público. Me sorprende que haga eso, porque las dos veces anteriores que lo vi en Colombia, en Medellín y en Cali, tocaba a duras penas ¨Final Caja Negra¨, una de esas que solo conocen los otros fanáticos.
Acribilló de nuevo, prendiendo en ¨On¨ el corazón, con la complicidad del legendario guitarrista de Fricción, Richard Coleman y esa ilícita versión de ¨Prófugos¨ de Soda, entonces ya no había como recoger el alma, que iba al pasado y volvía sin cansancio, estirada en un solo respiro. Demasiado para un solo hombre... |